Música de fiesta. Banderines colgados de un cordel cruzan las calles de balcón en balcón. Luces de colores. Gente. Gente. Y más gente. También hay algún borracho. Puestos de comida. De bebida. De comida. De bebida. De comida. De bebida... Todos bailan, ríen, se empujan, hablan, gritan, cantan, se besan, vomitan, lloran, dormitan en un portal con olor a pis.
Tú eres de los borrachos que ríen, hablan y bailan (o eso intentan). Entre la multitud, observas a un muchacho. No llevas gafas. No puedes saber cómo es. Así que te lo inventas. Y te gusta. Está con otra gente. Hablan. Miran a su alrededor. Y de repente se fija en ti. Te ha pillado. Notas como por momentos te vuelves más y más roja. Apartas la vista. Y vuelves a mirar. Se acerca.
- Hi.
Sorprendentemente empezáis una conversación en el más perfecto inglés que eres capaz de sintetizar. Te cae bien. Y de cerca es bastante más atractivo de lo que habías imaginado en la distancia. Están perdidos. Le indicas. Te ofrecen ir con ellos. Donde sea. Miras a tu gente buscando aprobación. Tenemos otros planes. Te despides. Se aleja. Le sigues con la mirada. Él no aparta la suya. Desaparece entre la multitud. Se acabó.
...hay historias de amor que duran tan poco...