viernes, 5 de septiembre de 2008
Harta, cansada, hasta los mismísimos...
De intentar mostrar tu lado positivo. De hacer ver que estás bien, cuando ni siquiera tienes del todo claro si lo estás. De que tus intenciones sean siempre más grandes que tus actos. De que sólo queden tres palabras que no duelan. De que nunca salgan de tu boca. De que nunca salgan de la suya. De ese odio por convicción y sin consistencia. De ese vacío como respuesta. De las miradas de arriba a abajo y medio lado. De tu forma de perder el tiempo que no tienes. De que se gasten las pocas ganas que te quedan. De salir perdiendo. De dejarte ganar. Del alejamiento como método de autodefensa. Del encierro por sistema. De querer volver y no saber a dónde. De sentir que te falta algo. De no sentir que te echo de menos.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Como si alguien pulsara el botón verde. Uno de septiembre y volvemos a la vida. Empujones por la calle, cola en las paradas de autobús, nervios en las aulas, gente dormida en los vagones del metro. Vuelve el cansancio con fundamento. Vuelve el malhumor matutino. La necesidad de mirar el reloj. El 'un ratito más'. Las ganas de que el próximo festivo sea puente.
Cómo me gustan los agobios y el olor a sudor en sitios cerrados...
Definitivamente, a mí lo que me hacía falta era salir de casa...
Cómo me gustan los agobios y el olor a sudor en sitios cerrados...
Definitivamente, a mí lo que me hacía falta era salir de casa...
domingo, 31 de agosto de 2008
Coleccionismo virtual.
Tonterías en los recreos. Achuchones bajo la lluvia y tocamientos en un sótano oscuro. Conversaciones hasta las tres de la mañana. Microrelatos de amor. Lunas y más lunas. Besos de almohada. Viernes con la bola de cristal de banda sonora. Paseos por el río. Visitas cortas de vuelta a casa. Polvos furtivos y pizza congelada. Patos de peluche. Subcampeonatos de España. Peces de caramelo. Huequitos en la barba. Mordiscos en la oreja y cosquillas en la entrepierna. Botellones tripersonales. Futbolines. Colchonetas hinchables. Planorbis y erizos. Pipas y hormigas. Azul, negro, verde, morado. Manos enormes. Siestas en sofás ajenos. Canciones prestadas. Historias escondidas tras notas musicales. Lados de la cama. Rizos, patillas, pinchos, gorros de lana. Cuentos, girasoles, galletas y dibujos. Conciertos. Escayolas. ¡Un pájaro muerto! Muñequeras de colores. Tu olor. Y el tuyo. Fresas y licor de avellana. Fotomatones.
Espirales.
Espirales.
sábado, 30 de agosto de 2008
¿En qué piensas?
En Gijón. En un tío. Por venganza. Por tus cojones. Ya ves de qué sirvió. Nunca lo supo. Claro, que tampoco le habría importado. Ni siquiera fuiste capaz de tirártelo. Te arrepentiste antes de empezar. Qué estupidez. Una detrás de otra. Coges el teléfono. Lo dejas de nuevo en la mesilla. Otra más. Ahora muérdete las uñas y come techo. Época de crisis. Quince días y terminamos.
¿Y él? Aquel verano conseguiste dejarlo atrás. Dejó de ser un problema. Dejó de importar. Dejó de doler. Dejó de existir. Coges el teléfono. Lo dejas de nuevo en la mesilla. Otra estupidez. Sin sentido. Realmente nunca fue un problema. ¿Lo dejaste atrás o sólo te echaste a un lado? Ahóra muérdete las uñas y come techo. Época de crisis. Quince días y terminamos.
La habitación se ilumina. Te queman los ojos. Oh, cómo te gusta esta canción. Coges el teléfono. Hola. Hola. ¿Qué tal estás? Y en cuatro minutos y medio se te acaban las palabras. No puedes. Pero quieres. El silencio sería suficiente. Su respiración sería suficiente. Pero no puedes. ¿Quieres? Lo dejas de nuevo en la mesilla. Ya van tres. Ahora muérdete las uñas y come techo. Época de crisis. Quince días y terminamos.
¿Y él? Aquel verano conseguiste dejarlo atrás. Dejó de ser un problema. Dejó de importar. Dejó de doler. Dejó de existir. Coges el teléfono. Lo dejas de nuevo en la mesilla. Otra estupidez. Sin sentido. Realmente nunca fue un problema. ¿Lo dejaste atrás o sólo te echaste a un lado? Ahóra muérdete las uñas y come techo. Época de crisis. Quince días y terminamos.
La habitación se ilumina. Te queman los ojos. Oh, cómo te gusta esta canción. Coges el teléfono. Hola. Hola. ¿Qué tal estás? Y en cuatro minutos y medio se te acaban las palabras. No puedes. Pero quieres. El silencio sería suficiente. Su respiración sería suficiente. Pero no puedes. ¿Quieres? Lo dejas de nuevo en la mesilla. Ya van tres. Ahora muérdete las uñas y come techo. Época de crisis. Quince días y terminamos.
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